
La escalada bélica en Medio Oriente volvió a instalar incertidumbre en los mercados internacionales y reconfiguró las expectativas económicas globales. El economista Gabriel Caamaño advirtió que el fuerte salto en el precio del petróleo introduce un nuevo shock sobre la economía mundial, con impacto directo en la inflación, las decisiones de política monetaria y la dinámica de los mercados financieros.
Según explicó, el principal interrogante de los inversores es determinar si el aumento del crudo se trata de un fenómeno transitorio o de un cambio con mayor persistencia. “Estamos terminando de ver si estamos ante un shock con cierto nivel de permanencia”, señaló.
En ese sentido, destacó que el petróleo tiene un peso determinante en la economía global por su impacto sobre la logística y los costos productivos. “Cuando se producen saltos tan rápidos y tan significativos en el precio del petróleo lo que se produce es una retracción de la curva de oferta”, afirmó por Splendid AM 990.
El economista indicó que el mercado está reaccionando con una marcada volatilidad frente a cada señal política o militar vinculada al conflicto. “Cuando el mercado dice ‘la guerra se larga’, se cae todo. Cuando aparece la expectativa de una negociación o una rendición, se recupera”, describió. Para Caamaño, el factor decisivo es cuánto tiempo se mantendrá la tensión y cuál será la salida política del conflicto.
Uno de los puntos más sensibles es la situación en el Estrecho de Ormuz, por donde circula una parte significativa del petróleo mundial. La persistencia de tensiones en esa zona alimenta el temor a interrupciones en el comercio energético y presiona sobre los precios. En pocos días, el valor del crudo registró subas abruptas. “Los precios pasaron de 60 y pico de dólares a más de 100 en el caso del Brent”, explicó. Y agregó que se trata de movimientos extremadamente rápidos: “Son aumentos que son casi del 100% en una semana”.
Este escenario ya comenzó a alterar las expectativas de política monetaria en las principales economías. Caamaño señaló que en Estados Unidos y Europa se revisaron las proyecciones sobre las tasas de interés. “Hace pocas semanas se discutía si iba a haber tres bajas de tasas en Estados Unidos y ahora estamos discutiendo si no va a haber bajas”, indicó. En Europa, agregó, incluso empezó a debatirse la posibilidad de subas de tasas ante el impacto inflacionario del petróleo.
La incertidumbre también alcanzó a los activos que tradicionalmente funcionan como refugio en momentos de crisis. El economista explicó que tanto el oro como los bonos del Tesoro estadounidense mostraron movimientos inesperados en las últimas semanas. “El oro venía muy apalancado por la expectativa de baja de tasas y con mucha apuesta especulativa”, señaló. Sin embargo, ante las pérdidas de algunos fondos y la necesidad de cubrir retiros de inversores, se produjo una liquidación de posiciones que presionó los precios a la baja.
En el plano local, Caamaño destacó que el principal factor que permitió iniciar el proceso de desinflación fue el cambio en la política fiscal. “El cambio de régimen fiscal fue fundamental y es de las mejores cosas que hizo el gobierno”, afirmó. Según explicó, el equilibrio fiscal permitió modificar las expectativas y reducir la inflación desde niveles muy altos.
No obstante, advirtió que el ajuste fiscal por sí solo no alcanza para sostener una desinflación rápida sin costos económicos. “Desinflar solo con política fiscal te va a salir muy caro en términos de actividad”, sostuvo. A su entender, el problema radica en la falta de un régimen monetario claro que complemente esa estrategia.
“El gobierno no armó un régimen monetario claro”, señaló. En ese marco, explicó que la política fiscal quedó prácticamente como la única herramienta para conducir el proceso de estabilización, lo que limita la capacidad de respuesta ante shocks externos o la necesidad de reactivar la economía.
El economista, según supo la Agencia Noticias Argentinas, también describió un escenario interno marcado por debilidad en la actividad. Según indicó, el consumo continúa afectado y los ingresos reales no logran recuperarse plenamente. “Es una economía que está pesada por el lado de la actividad”, afirmó.
En este contexto, Caamaño consideró que el gobierno aprovecha un calendario político sin elecciones para avanzar en correcciones pendientes. “Este año debería aprovecharse para ajustar muchos precios relativos”, explicó, en referencia principalmente a las tarifas de servicios públicos y a cambios en la política de subsidios energéticos.
De acuerdo con su análisis, el proceso de estabilización continúa en marcha, pero enfrenta un entorno internacional más incierto y una economía doméstica que todavía muestra señales de fragilidad. “Cuando entrás en un régimen de inflación más baja, bajar cada punto cuesta más”, concluyó.

